¿Será Shanghái el próximo World Marathon Major?
El sueño Major de Shanghái
Hay maratones que se corren por marca. Otros por tradición. Otros simplemente porque la ciudad te llama y quieres cruzarla con un número en el pecho. Pero hay carreras que, en algún punto de su historia, dejan de ser solo un evento y empiezan a ser otra cosa. El Maratón de Shanghái está justo en ese momento.
No es candidata menor. Es la apuesta más seria que tiene China para entrar al club más exclusivo del running mundial: los Abbott World Marathon Majors.

El club que todos quieren
Durante años, hablar de los Majors fue hablar de seis nombres. Tokio, Boston, Londres, Berlín, Chicago, Nueva York. Seis ciudades, seis experiencias completamente distintas, una medalla de seis estrellas que para muchos corredores se convirtió en el proyecto de varios años de vida y varios miles de dólares en viajes. Quien ha corrido aunque sea dos o tres de esos maratones entiende por qué la serie tiene el peso que tiene. No es marketing. Es que realmente son carreras distintas a cualquier otra cosa.
Después llegaron Sídney y Cape Town, confirmada como el octavo Major a partir de 2027. La serie ya no está defendiendo únicamente su tradición; está redibujando su mapa. Y ahora la mirada apunta a China.
Shanghái fue anunciada oficialmente como carrera candidata en 2024, reemplazando al Maratón de Chengdu en el proceso de evaluación. Ya superó la primera etapa tras la edición de 2025. La segunda, y decisiva, será la del 6 de diciembre de 2026. Si la pasa, podría integrarse a la serie en 2027.

Lo que evalúa un Major, en serio
Desde afuera, el sueño de los Majors parece sencillo: una ciudad grande, mucha gente corriendo, buena organización. Pero quien ha estado adentro, quien ha pasado por la expo de Boston o ha llegado a las 5 de la mañana a los corrales de Chicago con frío y adrenalina, sabe que un Major no se construye con marketing.
Un Major tiene que funcionar cuando todo está bajo presión. Tiene que mover a cuarenta mil personas sin perder el control. Tiene que cuidar al atleta élite que va por un récord y al amateur que lleva tres años entrenando para su primer 42K. Tiene que tener médicos visibles, agua en cada kilómetro, señalización clara, voluntarios que sepan lo que hacen y una meta que esté a la altura de lo que alguien sacrificó para llegar ahí.
Shanghái está demostrando que puede. En 2025 corrieron 23,000 maratonistas, hubo más de 2,000 participantes internacionales, 4,340 voluntarios, 43 puntos médicos, 36 ambulancias y 275 desfibriladores distribuidos en ruta. La carrera se transmitió en ocho países. Ese tipo de cifras no son decorativas. Son las que le dicen a AbbottWMM que esto no es un evento de una sola edición exitosa.
Hay otro antecedente que pesa: en 2020, Shanghái se convirtió en el primer maratón de China en obtener la etiqueta Platinum Label de World Athletics, el nivel más alto para carreras de ruta. No es lo mismo que ser Major, pero es la misma lógica: demostrar estándares de manera consistente, no de manera ocasional.

Una ciudad que sabe venderse
Todo gran maratón tiene una imagen que se queda. Boston tiene las colinas y Boylston Street. Londres tiene Tower Bridge. Berlín tiene la Puerta de Brandeburgo. Nueva York tiene el Verrazzano de madrugada y Central Park al final. Tokio tiene esa mezcla de templos y modernidad que no se parece a ningún otro lado.
Shanghái tiene el Bund.
La salida desde la zona del Bund Bull pone al corredor frente a uno de los contrastes más poderosos de Asia: la arquitectura histórica del Bund de un lado y la silueta futurista de Pudong al otro, separadas por el río Huangpu. Es una salida con identidad. De esas que uno recuerda aunque hayan pasado diez años.
Desde ahí, la ruta cruza Nanjing Road, Jing'an Temple, Huaihai Road, Xintiandi, la ribera del Huangpu, Longhua Temple y termina en la zona deportiva de Xujiahui. No es una ruta anónima que pudiera ser cualquier ciudad. Es Shanghái contándose a sí misma kilómetro a kilómetro. Y eso, para un corredor que viene del otro lado del mundo, importa tanto como el tiempo en el reloj.
El trazado también tiene fama de plano y rápido, lo que suma otro argumento para atraer atletas que buscan marcas. No todos los Majors tienen que ser veloces —Boston y Nueva York lo demuestran— pero sí tienen que tener una personalidad deportiva clara. La de Shanghái parece estar entre la velocidad, la escala urbana y la experiencia de cruzar una ciudad que no se parece a ninguna otra del circuito.
Los tiempos que convencen
Para que un maratón entre a la conversación seria, también necesita historias de élite. No basta con muchos finishers; necesita que los mejores del mundo quieran estar ahí.
En 2025 Brigid Kosgei ganó en 2:16:36, la marca femenina más rápida registrada en suelo chino. En varonil, Milkesa Mengesha se llevó la victoria en 2:06:25 en una llegada muy cerrada con Dawit Wolde y Deresa Geleta. Kosgei no es cualquier nombre: es una de las mejores maratonistas de la historia, excampeona del récord mundial. Que haya elegido Shanghái y que haya corrido ese tiempo dice algo sobre la seriedad del evento.
Un Major necesita las dos historias: la del corredor amateur que viajó desde México o desde Alemania para vivir algo especial, y la del atleta profesional que lo considera un escenario real de competencia. Shanghái ya tiene las dos.

China quiere su lugar
La candidatura de Shanghái no puede entenderse solo como una decisión deportiva. Es parte de algo más grande: el crecimiento del running en China durante la última década. Comunidades de corredores en cada ciudad, clubes urbanos, demanda desbordada en inscripciones, atletas que preparan temporadas completas. AbbottWMM lo reconoce abiertamente: China es uno de los mercados de running con mayor crecimiento en el mundo.
Así como Tokio abrió definitivamente la puerta asiática dentro de los Majors, Shanghái puede representar el peso de China en el running global. No es casualidad que la serie esté buscando nuevas geografías después de décadas concentrada principalmente en Norteamérica, Europa y Japón.
Con Cape Town en África, Sídney en Oceanía y Shanghái posiblemente en Asia continental, la Six Star Medal empieza a tener otra dimensión. Ya no es solo el sueño de cruzar las ciudades clásicas. Es cruzar el mundo.
Lo que vale correrla ahora
Para el corredor amateur internacional, hay algo que quizás no se dice suficiente: hay un momento especial en la vida de un maratón. Es cuando ya es bueno pero todavía no es imposible de conseguir. Cuando la inscripción no requiere lotería de tres años ni lista de espera interminable. Cuando puedes estar en la salida y saber que estás en algo que todavía está creciendo.
Quienes corrieron Sídney antes de que fuera Major lo saben. Quienes apostaron por Cape Town antes de la confirmación también.
En 2025, Shanghái abrió 23,000 lugares para maratón con registro por sorteo y una cuota internacional de 160 dólares. Más de 150,000 personas se registraron para participar. Cuando esa carrera sea oficialmente Major, ese número va a cambiar. La demanda va a ser diferente. El acceso va a ser más difícil.
Para los corredores mexicanos y latinoamericanos que están pensando en expandir su lista de Majors hacia algo distinto, Shanghái en este momento tiene un argumento concreto: todavía es alcanzable, y ya es lo suficientemente buena para que valga el viaje.

El kilómetro 35 de una candidatura
En el maratón, uno aprende rápido que la intención no alcanza. Puedes entrenar bien, planear bien, salir bien los primeros veinte kilómetros. Pero el 35 siempre pide pruebas. Ahí es donde se separa lo que realmente está construido de lo que solo parecía estarlo.
Shanghái tiene el trabajo de base hecho. Tiene ciudad, tiene ruta, tiene élites, tiene operación, tiene comunidad. Ahora tiene que demostrarlo una vez más, el 6 de diciembre de 2026, con todos mirando.
Si lo logra, el mapa del maratón mundial no solo tendrá una estrella nueva. Tendrá una dirección distinta. Y quienes lleguen a Shanghái antes de que eso ocurra van a tener una historia que contar que muy poca gente va a poder repetir.
