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Maratón Guelaguetza, la distancia que le faltaba a Oaxaca

Los 42 kilómetros que Oaxaca llevaba tiempo esperando

Maratón Guelaguetza, la distancia que le faltaba a Oaxaca

Oaxaca es una ciudad acostumbrada a compartir. Comparte su música, su cocina, sus lenguas, sus calles y una fiesta cuyo nombre —Guelaguetza— habla precisamente de dar, colaborar y corresponder.

Durante años, esa celebración también encontró una forma de expresarse corriendo. Primero en una distancia que cabía mejor dentro de la ciudad y del calendario: un medio maratón. Después, cuando la convocatoria y la ambición crecieron, en los 42 kilómetros que terminaron por cambiar la escala del evento.

Maratón Guelaguetza: la carrera que necesitó crecer para recorrer todo Oaxaca
Maratón Guelaguetza: la carrera que necesitó crecer para recorrer todo Oaxaca

El Maratón Internacional Guelaguetza no apareció de la nada en 2026. Llegó después de varias ediciones de una prueba de 21 kilómetros que fue cambiando de sede, recorrido y tamaño hasta demostrar que había una comunidad dispuesta a pedir algo más. En México abundan las carreras que nacen queriendo parecer grandes.

El camino de la Guelaguetza fue diferente: primero aprendió a convocar, luego a ocupar la ciudad y finalmente se atrevió con el maratón. Organizar 42.195 kilómetros exige mucho más que duplicar una ruta. Obliga a cerrar vialidades durante más tiempo, ampliar servicios médicos e hidratación, controlar distintos ritmos de competencia y sostener la atención de una ciudad cuando los más rápidos ya terminaron pero todavía queda mucha gente en el camino.

Maratón Guelaguetza: la carrera que necesitó crecer para recorrer todo Oaxaca

Cómo llegó la carrera hasta aquí

La prueba comenzó a hacerse visible como Medio Maratón Guelaguetza con recorridos que no siempre fueron iguales. En 2023, Zaachila formó parte central de la experiencia, vinculando la carrera con una población de identidad propia dentro de los Valles Centrales. Más adelante el evento buscó una conexión más directa con Oaxaca de Juárez y con la gran celebración de julio.

En 2025, la salida se instaló frente al Auditorio Guelaguetza, en el Cerro del Fortín. Los corredores descendieron hacia la Carretera Internacional 190; los del 10K regresaron antes, mientras el medio maratón continuó hacia el oriente con retorno en el entorno de Santa María El Tule, y la llegada en Paseo Juárez El Llano. Aquella edición reunió a más de diez mil participantes entre las distintas distancias. La Guelaguetza dejó de ser una carrera complementaria dentro de las actividades de julio y se convirtió en uno de sus encuentros deportivos más numerosos.

El paso hacia el maratón parecía lógico. También era arriesgado. Un medio maratón puede sostenerse con entusiasmo, buena convocatoria y una ruta atractiva. Un maratón necesita además credibilidad. El corredor que prepara 42 kilómetros no elige una competencia solo por su medalla o por la belleza de la sede. Invierte meses de entrenamiento, modifica horarios, organiza un viaje y llega con una pregunta muy concreta: ¿esta carrera va a responder cuando el cuerpo empiece a romperse? Oaxaca decidió asumir esa responsabilidad en 2026.

Maratón Guelaguetza: la carrera que necesitó crecer para recorrer todo Oaxaca

Del medio maratón a la prueba completa

La primera edición del Maratón Internacional Guelaguetza se celebró el 26 de julio de 2026, en pleno calendario de las fiestas de los Lunes del Cerro. Mantuvo las distancias de 10K y 21K pero añadió por primera vez la prueba completa de 42.195 kilómetros. La salida y la meta quedaron frente al Auditorio Guelaguetza, el mismo lugar donde las delegaciones presentan bailes, música y tradiciones de las regiones oaxaqueñas.

El Cerro del Fortín también impuso una condición deportiva. La carrera no terminaba en una explanada neutra ni en una avenida plana. Terminaba regresando hacia una zona elevada de la ciudad, y después de decenas de kilómetros en carretera esa aproximación final exigía reservar algo más que energía: exigía cabeza.

El recorrido de 42K salió del entorno del auditorio, descendió hacia la federal 190 y se extendió al oriente por la zona metropolitana hasta el libramiento con dirección a Tlacolula. El retorno se ubicó en San Francisco Lachigoló, antes de volver por el mismo eje hacia Oaxaca de Juárez y enfrentar el ascenso final al Cerro del Fortín. La ruta del medio maratón fue más urbana: Monumento a la Madre, Calzada Madero, avenida Independencia, bulevar Eduardo Vasconcelos, Monumento a Juárez, San Francisco Tutla y regreso al auditorio.

Los tres recorridos compartieron una idea: no limitar la carrera al Centro Histórico. Eso tiene ventajas y consecuencias. Oaxaca posee algunas de las calles más reconocibles del país, pero un maratón no puede construirse únicamente con postales. La organización tuvo que sacar la prueba hacia los municipios conurbados, conectar ciudad y valle y usar la carretera como columna vertebral. El resultado fue un recorrido menos ornamental de lo que podría sugerir el nombre Guelaguetza, pero más honesto con la geografía real de Oaxaca: una ciudad rodeada de comunidades que forman parte de su vida cotidiana aunque muchas veces desaparezcan de la mirada turística.

Lo que significa correr en Oaxaca en julio

La capital se encuentra alrededor de los 1,500 metros sobre el nivel del mar. No es una altura extrema para quien entrena en la Ciudad de México, Puebla o Toluca, pero sí suficiente para hacerse notar en corredores que vienen de la costa. A eso se suma una temporada donde la mañana puede comenzar fresca y terminar con sol, humedad o lluvia.

La ruta hacia Tlacolula también expone al corredor durante largos tramos. Hay menos sombra, menos edificios y menos referencias visuales para dividir mentalmente la distancia. En un maratón eso importa: las avenidas llenas de gente ayudan a esconder el cansancio, la carretera obliga a escucharlo. El Maratón Guelaguetza no es una carrera diseñada exclusivamente para romper marcas. Puede llegar a ser rápida para quienes administren bien la salida y encuentren buenas condiciones, pero su personalidad está en otro lugar: carretera abierta, altitud moderada, clima cambiante y una llegada que devuelve al corredor al cerro desde donde comenzó. Es una carrera que exige paciencia, que es una de las cualidades menos fotogénicas pero más importantes del maratón.

Maratón Guelaguetza: la carrera que necesitó crecer para recorrer todo Oaxaca
Maratón Guelaguetza: la carrera que necesitó crecer para recorrer todo Oaxaca

Una convocatoria que creció más rápido que la propia carrera

La respuesta de 2026 superó las previsiones iniciales. La organización había proyectado alrededor de 15 mil participantes. La demanda llevó a ampliar registros hasta un contingente cercano a las 24 mil personas entre las tres distancias, con corredores nacionales y representantes de 16 países. La cifra debe entenderse correctamente: no significa que 24 mil atletas hayan corrido el maratón completo. La mayor parte del volumen se distribuyó entre 10K y 21K. Aun así, reunir ese número en la primera edición con 42K convirtó al evento en una de las concentraciones atléticas más grandes que ha tenido Oaxaca.

También plantea preguntas legítimas. Una carrera masiva necesita más que inscripciones gratuitas y entusiasmo: salidas ordenadas, resultados claros, atención médica, abastecimiento constante, cierres viales razonables y respeto por las comunidades atravesadas. La edición tuvo a su favor una estructura institucional amplia, una bolsa de premiación superior al millón de pesos entre las distintas pruebas, cronometraje con chip para 21K y 42K y un despliegue coordinado de seguridad. Pero desde una mirada periodística, el éxito no debería medirse únicamente por el número de registros. El verdadero indicador será cuántos corredores desean volver después de haber vivido la organización desde dentro.

Correr durante la fiesta, sin convertirse en decoración

El evento tiene una ventaja que no puede fabricar ninguna campaña publicitaria: ocurre dentro de uno de los periodos culturales más intensos de México. En julio, Oaxaca cambia. Las calles reciben calendas, delegaciones, música, mercados y visitantes de todo tipo. Integrar un maratón a ese calendario parece natural, pero también corre el riesgo de convertir la carrera en otro accesorio de la fiesta.

Para evitarlo, el evento necesita construir una identidad deportiva propia. El concepto de reciprocidad que da nombre a la Guelaguetza puede trasladarse al modo en que la ciudad recibe a los corredores, al reconocimiento a los atletas locales y a la manera de repartir beneficios y responsabilidades entre los municipios atravesados. Una carrera de este tamaño ocupa espacio público, interrumpe calles y utiliza recursos. Para que sea aceptada con el tiempo, también debe devolver algo. Ahí podría estar su mayor posibilidad: no en parecerse a los grandes maratones del mundo, sino en encontrar una forma oaxaqueña de organizar la distancia.

Maratón Guelaguetza: la carrera que necesitó crecer para recorrer todo Oaxaca

¿Y qué sigue ahora?

Es tentador llamar histórica a una carrera desde su primera edición. En cierto sentido, la de 2026 lo fue: recuperó el maratón de ruta para Oaxaca después de casi una década y transformó una prueba de 21K en un evento completo. Pero una tradición no nace por decreto. Se construye cuando la carrera vuelve, cuando corrige errores, cuando el corredor local la reconoce como propia y cuando la organización entiende que cada edición debe ser mejor, no solamente más grande.

El Medio Maratón Guelaguetza necesitó algunos años para demostrar que podía crecer. El maratón necesitará otros tantos para demostrar que puede permanecer. Tiene a favor una ciudad con identidad, una comunidad corredora en expansión y un calendario cultural que le da visibilidad poco común. Ahora debe construir lo más difícil.

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