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Nagoya Women's Marathon, un 42k diferente.

La carrera que no necesita ser un Major estar en tu lista

Nagoya Women's Marathon, un 42k diferente.

Photography by Gerardo Sepúlveda

Hay una conversación que ocurre entre corredoras cuando alguien menciona Nagoya. Primero viene el reconocimiento: ah, el maratón de mujeres de Japón. Después, casi siempre, una pregunta: ¿pero es tan bueno como Tokio? ¿Vale el viaje si no es un Major?

La respuesta corta es sí. La larga requiere entender qué hace a una carrera memorable, y por qué esa respuesta no siempre coincide con la lista oficial de Abbott.

Los World Marathon Majors son siete carreras, que el running mundial convirtió en objeto de deseo. Boston, Londres, Berlín, Chicago, Nueva York, Tokio y recientemente Sidney. Son grandes, históricas y merecen su reputación. Pero el circuito de los Majors no agota las mejores experiencias del maratón mundial, y Nagoya es quizás el ejemplo más claro de eso. Tiene etiqueta Platinum Label de World Athletics, el mismo reconocimiento que tienen los Majors desde el punto de vista técnico y deportivo. Tiene récord de curso de 2:17:18. Tiene más de 20,000 finishers. Y tiene algo que ningún otro maratón del mundo puede decir: es la carrera de larga distancia exclusivamente femenina más grande del planeta.

Nagoya Women's Marathon
Nagoya Women's Marathon

Cómo llegó hasta aquí

La historia de Nagoya es más larga de lo que parece. Empezó en 1980, no como maratón sino como el Chunichi Women's 20K Road Race en Toyohashi, reconocido como la primera prueba femenina oficial de 20 kilómetros en Japón. En 1982 se trasladó a Nagoya. En 1984 ocurrió el cambio fundamental: los 20 kilómetros se convirtieron en 42.195.

El año importa. En 1984, Los Ángeles organizó los primeros Juegos Olímpicos con maratón femenino en la historia. Visto desde hoy parece increíble tener que recordarlo, pero durante buena parte del siglo XX se discutió seriamente si las mujeres debían correr distancias tan largas. El maratón olímpico masculino existía desde Atenas 1896; el femenino tuvo que esperar 88 años. Nagoya hizo su transición exactamente en ese momento.

Durante las décadas siguientes fue principalmente una carrera de élite. Por sus calles pasaron algunas de las mejores fondistas japonesas e internacionales y la prueba se usó en distintas temporadas como clasificatorio para Juegos Olímpicos y Campeonatos Mundiales. Ese papel sigue vigente: en 2026 varias atletas japonesas buscaban el estándar del Marathon Grand Championship, la prueba de selección nacional para Los Ángeles 2028, fijado en 2:23:30 o un top-6 japonés con menos de 2:27:00.

Nagoya Women's Marathon

2011: la carrera que no se corrió y lo cambió todo

El Nagoya de 2011 nunca se corrió. Dos días antes de la fecha, el terremoto y tsunami de Tōhoku golpearon Japón. La competencia fue cancelada y un año después el evento regresó transformado.

El 11 de marzo de 2012, exactamente un año después del desastre, se celebró por primera vez bajo el nombre Nagoya Women's Marathon. La organización abrió la carrera a corredoras populares y diseñó un nuevo recorrido con salida y llegada en el Nagoya Dome. Lo que había sido durante décadas una competencia de élite se convirtió en una enorme carrera ciudadana. En aquella primera edición participaron 13,114 mujeres y Guinness World Records la reconoció como el mayor maratón exclusivamente femenino celebrado hasta entonces. En 2018, Nagoya volvió a romper su propio registro con 21,915 finishers.

Esa ruptura define al Nagoya moderno: no renunció al alto rendimiento para hacerse popular. Conservó ambos mundos.

Una ruta que no presume lo que no tiene

El recorrido es extremadamente plano, con menos de 15 metros de desnivel total. La ciudad de Nagoya no tiene la fama turística inmediata de Tokio o Kioto: el Castillo de Nagoya aparece en la distancia alrededor del kilómetro 27 o 28, no corriendo junto a él como algunas participantes esperan. Hay corredoras que llegan con esa expectativa y se llevan una ligera sorpresa. La ruta es funcional, amplia y rápida, no una sucesión de postales.

Pero esa honestidad tiene su ventaja: Nagoya es una carrera donde se puede ir rápido. La combinación de desnivel casi nulo, calles anchas y clima de marzo la convirtió en terreno de grandes marcas. En 2022, Ruth Chepngetich llevó el récord del recorrido hasta 2:17:18, una referencia que coloca a Nagoya muy lejos de la idea de que un maratón masivo femenino necesariamente sacrifica nivel deportivo.

Lo que Japón aporta que no aparece en el reglamento

Correr un maratón en Japón produce una sensación distinta, y no tiene que ver únicamente con que las calles estén limpias o los trenes lleguen a tiempo. Tiene que ver con la forma de organizar los pequeños problemas.

Los voluntarios se distribuyen con funciones específicas. Hay pacers claramente identificados. En los puestos de hidratación hay agua en todos, bebida deportiva en la mayoría, y a partir de la mitad de la carrera aparecen alimentos como plátano, pan, galletas de arroz, mochi y dulces locales de Nagoya. Para un corredor acostumbrado a competir fuera de Japón, sorprende menos la tecnología que la coordinación.

El límite de siete horas amplía considerablemente el perfil de participante y explica por qué la tasa de finalización es muy alta: en 2026 terminó el 96.6% de las inscritas. Eso significa que en el mismo asfalto donde una profesional corre cerca de 3:20 por kilómetro hay mujeres que permanecerán compitiendo seis o siete horas. Y ambas forman parte del mismo evento.

El final dentro del Dome

La salida y llegada están dentro del Vantelin Dome Nagoya, un estadio de béisbol cubierto que protege a las participantes del clima en los momentos más críticos: antes y después de correr. Después de pasar buena parte de la mañana en avenidas abiertas, la ruta regresa al Dome y el ambiente cambia por completo. El ruido, la luz, las tribunas con familiares y espectadores. Cruzar la meta mientras suenan canciones como "Dancing Queen" en un estadio lleno produce lo que varias corredoras describen como la mejor llegada que han experimentado en cualquier maratón.

No es casual que la organización haya construido toda la identidad de finisher alrededor de ese momento. Después del arco de meta hay otra puerta, esta en azul Tiffany, donde hombres de smoking entregan una caja con el regalo de la carrera.

Nagoya Women's Marathon

¿Vale el viaje aunque no sume una estrella?

La pregunta de si Nagoya "vale" si no es un Major merece una respuesta directa: depende de para qué corres. Si el objetivo es completar la Six Star Medal, Nagoya no suma. Pero si el objetivo es vivir una de las mejores experiencias de maratón que existen, definitivamente lo vale.

Nagoya tiene etiqueta Platinum Label de World Athletics, el mismo reconocimiento técnico y deportivo que tienen los Majors. Tiene más profundidad histórica que varios de ellos. Tiene un récord de curso que la mayoría de los Majors no puede igualar. Y tiene algo completamente único: la escala de ver a más de 20,000 mujeres ocupando una ciudad entera para correr juntas.

Corredoras que han participado en Tokio y Nagoya describen Nagoya como la experiencia más alegre de las dos, y eso viniendo de quien ya conocía Japón y no llegaba con los ojos de turista. La comparación es útil precisamente porque elimina el factor novedad.

Nagoya no es Tokio para mujeres. No intenta serlo. Construyó algo propio desde 1980, lo sobrevivió todo, se reinventó después de una tragedia nacional y terminó siendo la carrera femenina más grande del mundo. El Abbott World Marathon Majors es una lista. Nagoya es una experiencia. Las dos cosas pueden coexistir sin que una invalide a la otra.

Si alguna vez tienes la oportunidad de ir, ve. El viento puede complicarte el ritmo, la ruta no te va a deslumbrar en cada kilómetro y quizás cuando llegues al puesto de mochi ya no quede. Pero vas a cruzar una meta dentro de un estadio con música a todo volumen rodeada de miles de mujeres que también llegaron hasta ahí, y eso, no lo ofrece ningún Major.

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